Supongo que el sentimiento de culpa es lo que hace de nosotros una losa, pero es que siempre recuerdo que desde que tenía uso de razón, mi ilusión más grande era poder quitar de trabajar a mi abuela.
Siempre la veía tan frágil, tan hormiguita, tan extenuada y siempre con una sonrisa…
Como mi abuelo, era tan bueno…, acariciaba mi cabeza mientras veíamos la tele y yo estaba tumbada a su lado en el sofá. Otro trabajador incansable,que prefería gastar su dinero en ver felices a sus hijos, en vez de mejorar su casa u otras cosas que no tenían sentido para el.
Supongo que la vida me dio unos abuelos extraordinarios para poder soportar lo que se me venía encima, porque no tuve otra cosa verdadera a la que agarrarme.
Todo lo demás eran muletas temporales que sólo sirvieron para darme cuenta de cómo es el ser humano.
Cuando los perdí, el hueco eterno e inmenso que quedó en mí fue devastador, porque el daño se sufre a través del tiempo y la ausencia.
Descubrir que para el resto de la “familia” sólo era un complemento, como la silla que había
en el comedor o la lámpara.
Mi padre se fue también dejando un dolor sordo y un vacío abismal parecido a mi vida, como un fantasma, que susurra tras mi oreja. Sin saber bien quién era. Porque no tener a un padre de verdad en tu vida, deja secuelas irreversibles.
Vivir con mi madre ha sido descubrir que nunca nos hemos conocido, pero que el amor está ahí
de una madre a una hija y viceversa como algo intrínseco y verdadero. Aunque sepa que en realidad, no nos entendemos.
Y mi hermano, (con quién tantas veces salí y pasé las tardes y los días) es ahora un extraño…
a quién quiero tanto, pero miro y no sé quién es.
No sé dónde está mi hermano, sé que no lo conocí suficiente porque nunca me dejó y lo más importante es quizá, que no me conoce ni me conoció porque supongo que nunca le importó hacerlo. Y no pasa nada, pero me apena.
Mire dónde mire, pasado, presente o futuro, no veo nada positivo más que saber que el ser humano
no merece nada bueno.
Nacer, para mí fue un gran inconveniente, dónde nadie te pregunta, sólo te arrancan de ese limbo sin dolor, a una una gran putada de mundo…dónde sólo he luchado y sufrido por sobrevivir desde que tuve uso de razón y hasta ahora no he visto que exista un hueco para mí.
De nada sirve ya preguntarse cómo hubiera sido mi vida con un cerebro diferente.






