
No me gusta que me digas,
que no es para tanto,
a partir de ahora seremos tú, yo y mi desencanto,
por mi asco por el mundo, por mirarme, por decirme, que bonito es el espanto.
Despertarte cada día con las ansias de meterme un buen balazo.
Desde ahora yo te invito,
a meterte en mi cabeza,
a luchar con la flaqueza,
de soñar con la pobreza
de un cerebro desnutrido,
de un espíritu vencido
de toda oportunidad,
te invito nada más
a soñar los bajos fondos
de toda la tristeza, que ahora habita en mi cabeza,
yo te invito…